Tras un periodo de reflexión he decidido dar un cambio a la orientación de este blog. Pensando en si era necesario otro blog sobre la actualidad del Madrid y el Barcelona (cosa que no creo, viendo la calidad y variedad que podeis encontrar en los enlaces de la derecha) y si realmente me satisfacía como hobby el imponerme a mi mismo la obligación de escribir incluso cuando no tenga ganas por el hecho de que el blog esté actualizado. La respuesta a ambas creo que es no, asi que a partir de ahora iré escribiendo (sin prometer ninguna frecuencia) cuentos, relatos, piezas, que tengan el futbol como excusa, como telón de fondo, o incluso ni aparezca. Gracias a todos los que seguíais la etapa anterior de mis vasos comunicantes, os invito a todos a esta nueva etapa. Para empezar, el relato "Aquel Martes".


Como todas las semanas, Peter se sentó a ver su programa favorito. Era una de las pocas rutinas que le seguían aislando de los problemas que le perseguían desde hacía unos meses. Todo empezó cuando Janice le había dicho que lo dejaba, que no tenía sentido alguno su relación, victima de la falta de tiempo por los trabajos de ambos: ella como comercial de una empresa informática bastante conocida, el como contable en el Abbey National Bank. No podían ser más distintos, ella por su trabajo se había acostumbrado a tratar con el público, a ser simpática, a vender la moto, casi siempre a desconocidos; Peter en cambio vivía en un cubículo de rutina: revisión y contabilización de documentos hasta las cinco, partido de futbol con los compañeros de la empresa cada miércoles, un par de dias a la semana iba con Randy a tomar un par de cervezas y a charlar de multitud de temas para acabar virando la conversación hacia el fútbol. Preferentemente hacia el Arsenal de Peter y el Chelsea de Randy, debates amigables pero en ocasiones enérgicos.
Pero aquella noche, antes del comienzo de Match of the day, Peter recordó aquel martes de nueve años antes. El día que le hicieron sentir la persona más importante sobre la faz de la tierra.
Como cada día, el despertador de Peter sonaba a las seis y media de la mañana, y tras remolonear un poco, al tercer toque del artefacto se puso en pie para darse una ducha. Tras el aseo mañanero, vestirse y el desayuno, Peter se acercó a la cama para darle un beso a Janice a la que deseó suerte en su busqueda de empleo, pues tenía una entrevista aquel día para nosequé empresa de ordenadores. Esta, murmuró algo parecido a Buenos días entre sueños, ni siquiera abrió los ojos.
Toda la jornada transcurría normalmente cuando Peter recibió una llamada a media mañana en su móvil, un One Touch Easy amarillo pollo:
un señor de un banco de la competencia le solicitaba conocerle, en un tono increiblemente amable. El trató de disculparse, pero el interlocutor insistió tanto que acabó por quedar con él en llamarle dentro de unas horas. Al instante recibía una llamada por vía interna de uno de sus superiores en Abbey, instándole para subir a su despacho lo antes posible. Peter dijo simplemente que de acuerdo, pero que antes tenía que terminar una cosa que estaba haciendo. Sí le llamó la atención la respuesta del jefazo:
- Ah, muy bien, muy bien, no se preocupe, yo le espero ya, suba cuando usted prefiera.
Peter supo de inmediato que algo raro estaba pasando. Nunca esa persona, James Keychain, había sido ni amable con él ni con ninguno de sus compañeros, su trato, escaso por otra parte, siempre había sido más bien frio con todos.
Al cabo de unos quince minutos Peter llegaba al despacho del señor Keychain, y tras llamar a la puerta, el anfitrión le dijo que pasara. Peter se encontró con una mesa, la mesita junto a los sofás, más propia de la celebración de un cumpleaños que de una simple reunión con el superior: un muestrario repleto de croissants y cookies de chocolate, una cafetera humeante, una jarra de zumo de naranja y varios vasos y jarras (con el logotipo del banco, algo que él nunca había visto por allí) dispuestas para ser usadas.
- Sentémonos aqui, Señor Andrews -dijo Mr Keychain, señalando a los sofas de su espaciado y bien iluminado despacho- pongase cómodo. Desea fumar?
- No, no, no fumo. -replicó Peter- hay algún problema señor?
- Al contrario, al contrario, Peter; perdón, puedo tutearle?
El rostro de Peter se desencajó; su jefe le estaba preguntando si podía tutearle!! no terminaba de entender aquella situación, pero le estaba empezando a gustar. No sabía el qué era, pero era algo que le daba poder.
- Claro, señor, sin ningún problema. Como siempre.
- Precisamente por eso quería hablarle, su nueva situación podría hacerle cambiar de modo de ser, de lugar de trabajo, incluso dejarlo, claro que eso depende de usted!! - Dijo Mr. Keychain, volviendo a tratarle de usted.
- ¿Cómo? -replicó Peter - No entiendo a que se refiere. Me está diciendo que me vaya de la empresa?
- No, no, no, en absoluto! Peter, seguramente algún otro banco ya se ha puesto en contacto con usted, verdad?
La sorpresa inundó el rostro de nuestro protagonista, creyéndose protagonista de algún tipo de inocentada, pese a no ser diciembre.
- ¿Cómo lo sabe usted?
- Porque en el fondo todos tenemos las mismas fuentes, claro que nosotros tenemos la suerte de contar con usted desde hace tiempo, permitame que le ofrezca algunos argumentos para que usted continúe con nosotros.
Y Mr. Keychain comenzó a ofrecerle los "argumentos" para que el bueno de Peter continuase con ellos: un asesor financiero las venticuatro horas del día, coche de la empresa ("sin ningún tipo de publicidad" recalcó varias veces) totalmente gratuito, un ascenso para que pudiera abandonar el peldaño en que se encontraba en la estructura del banco, financiación para sus negocios con prácticamente nulo interés bancario, incluso la posibilidad de no ir a trabajar más que cuando él deseara...Peter no pudo evitar preguntar.
- Y yo que tengo que dar a cambio de todo esto?
- Nada señor -dijo el dueño de aquel despacho- a cambio usted solamente tiene que mantener su relación con nosotros, pero con esas nuevas condiciones. Espero, siendo sinceros, que sean lo suficientemente ventajosas para que no nos deje por alguien de la competencia. Si lo desea puede pensárselo, aunque estamos ansiosos de su respuesta. Aqui tengo todos los documentos preparados -dijo, mostrando un papel con el logo del banco y un sello con las siglas VIP-.
Peter, que consultaba cada decisión con Janice, le dijo que le contestaría al día siguiente, pero que necesitaba 24 horas para poder asimilar todo aquello.
- Es normal señor. Su nuevo estatus debe resultar complicado de aceptar, aunque he de decir que lo lleva usted con bastante normalidad. Vaya usted si quiere a casa y meditelo.
Peter le hizo caso en esto último, pues por la hora, probablemente Janice ya hubiera terminado la entrevista y estuviera camino a casa para preparar algo ligero para comer. Hacía tanto que no comían juntos entre semana que deseaba llegar más pronto que nunca.
Al llegar, Janice ya estaba en el piso, aunque no en la cocina sino leyendo el periódico. Según entró por la puerta Peter, ella, también una feroz hincha del Arsenal, le dijo que si se había enterado mientras señalaba un pequeño recuadro. El le dijo que tenía algo más importante que contarle, más importante incluso que el fútbol y sus gunners.
Le contó todo con pelos y señales, los croissants, el café, el coche de la empresa "sin publicidad por supuesto", los ascensos, el hecho de ir cuando quisiera....a cambio de practicamente nada. Ella le dijo que tenía que escuchar algo. Y activo el contestador del teléfono, y uno tras otro hasta cinco representantes de bancos le solicitaban una entrevista personal, donde y cuando a él le viniera mejor. Ambos se miraron fijamente, sin poder hablar. Conscientes de que algo les había pasado y lo sabía todo el mundo menos ellos. La lotería? eso era imposible, pues no creían en el azar. Una herencia? tampoco, los padres de ambos estaban vivos y no tenían ningún familiar "poderoso" que supieran.
Decidieron calmarse, Peter llamó al banco y dijo que volvía para las seis de la tarde. Tras ello, y por si le volvían a llamar, apagó el movil y desconecto el teléfono fijo. Comió, y al tomar un yoghourt de postre, dijo:
- Janice, sea lo que sea esto es una bendición.Voy a decirle al Señor Keychain que me quedo.
Ella, simplemente asintió. Al fin y al cabo era una decisión que solo iba a hacerles mejorar, podrían cambiar el coche y el ascenso supondría una inyección económica.
Al llegar se cruzó con Gabriel, un compañero de departamento, quien le dijo sin llegar a saludarle:
- Ve corriendo al despacho de Keychain, anda como loco buscándote.
Empezó a andar de manera veloz hacia el despacho, para terminar casi corriendo. Al llegar llamó a la puerta. Y oyo un "Pase" que sono atronador.
El Señor Keychain se encontraba con la cara desencajada, con la mesa llena de papeles, incluso por el suelo había alguno.
- Tengo que pedirle disculpas, Peter, de verdad. No puedo ofrecerle lo de esta mañana. Solo disculpas.
Peter le respondió que precisamente venía a aceptar lo que le había ofrecido, pero el señor Keychain le cortó.
- Todo es un error Peter. Una transferencia procedente de un banco español de 1600 millones de libras contenía un error en el número de cuenta, y coincidía con una cuenta a su nombre. Ahora comprendo su cara de sorpresa al reunirnos en mi despacho. Lo lamento profundamente.
Peter no se lo podía creer en aquel momento. Había tenido en su cuenta más de mil millones de libras, por un error o por cosas del destino, y ahora sentía que no tenía nada. Cuando había asimilado todo lo que le habían ofrecido, se lo habían quitado, eso y más. Hasta lo que no tenía. Quedó más de un minuto en silencio. Solo roto para decir:
- Señor, no se preocupe. Son cosas que pasan. -mientras pensaba que incluso podía haber hecho un traspaso, incluso desde su puesto de trabajo, a otra cuenta. O haber firmado el papel y tendría al menos todo lo que le había ofrecido el señor Keychain, aunque no el dinero. Ahora tendría que contarle lo ocurrido a Janice. Y preguntarle, pues se le había olvidado con todo lo ocurrido, por la entrevista.
Nueve años después, Peter observa como el Chelsea de su aún amigo Randy ha vencido en su partido de la Premier al Blackburn con dos goles de Anelka. El mismo que un día vestía la camiseta de sus gunners, y aparecía en el recuadro del periódico que ojeaba Janice aquel martes. Aquel por el que el Real Madrid había reventado el mercado de fichajes nueve años antes.
Pero aquella noche, antes del comienzo de Match of the day, Peter recordó aquel martes de nueve años antes. El día que le hicieron sentir la persona más importante sobre la faz de la tierra.
Como cada día, el despertador de Peter sonaba a las seis y media de la mañana, y tras remolonear un poco, al tercer toque del artefacto se puso en pie para darse una ducha. Tras el aseo mañanero, vestirse y el desayuno, Peter se acercó a la cama para darle un beso a Janice a la que deseó suerte en su busqueda de empleo, pues tenía una entrevista aquel día para nosequé empresa de ordenadores. Esta, murmuró algo parecido a Buenos días entre sueños, ni siquiera abrió los ojos.
Toda la jornada transcurría normalmente cuando Peter recibió una llamada a media mañana en su móvil, un One Touch Easy amarillo pollo:
- Ah, muy bien, muy bien, no se preocupe, yo le espero ya, suba cuando usted prefiera.
Peter supo de inmediato que algo raro estaba pasando. Nunca esa persona, James Keychain, había sido ni amable con él ni con ninguno de sus compañeros, su trato, escaso por otra parte, siempre había sido más bien frio con todos.
Al cabo de unos quince minutos Peter llegaba al despacho del señor Keychain, y tras llamar a la puerta, el anfitrión le dijo que pasara. Peter se encontró con una mesa, la mesita junto a los sofás, más propia de la celebración de un cumpleaños que de una simple reunión con el superior: un muestrario repleto de croissants y cookies de chocolate, una cafetera humeante, una jarra de zumo de naranja y varios vasos y jarras (con el logotipo del banco, algo que él nunca había visto por allí) dispuestas para ser usadas.
- Sentémonos aqui, Señor Andrews -dijo Mr Keychain, señalando a los sofas de su espaciado y bien iluminado despacho- pongase cómodo. Desea fumar?
- No, no, no fumo. -replicó Peter- hay algún problema señor?
- Al contrario, al contrario, Peter; perdón, puedo tutearle?
El rostro de Peter se desencajó; su jefe le estaba preguntando si podía tutearle!! no terminaba de entender aquella situación, pero le estaba empezando a gustar. No sabía el qué era, pero era algo que le daba poder.
- Claro, señor, sin ningún problema. Como siempre.
- Precisamente por eso quería hablarle, su nueva situación podría hacerle cambiar de modo de ser, de lugar de trabajo, incluso dejarlo, claro que eso depende de usted!! - Dijo Mr. Keychain, volviendo a tratarle de usted.
- ¿Cómo? -replicó Peter - No entiendo a que se refiere. Me está diciendo que me vaya de la empresa?
- No, no, no, en absoluto! Peter, seguramente algún otro banco ya se ha puesto en contacto con usted, verdad?
La sorpresa inundó el rostro de nuestro protagonista, creyéndose protagonista de algún tipo de inocentada, pese a no ser diciembre.
- ¿Cómo lo sabe usted?
- Porque en el fondo todos tenemos las mismas fuentes, claro que nosotros tenemos la suerte de contar con usted desde hace tiempo, permitame que le ofrezca algunos argumentos para que usted continúe con nosotros.
Y Mr. Keychain comenzó a ofrecerle los "argumentos" para que el bueno de Peter continuase con ellos: un asesor financiero las venticuatro horas del día, coche de la empresa ("sin ningún tipo de publicidad" recalcó varias veces) totalmente gratuito, un ascenso para que pudiera abandonar el peldaño en que se encontraba en la estructura del banco, financiación para sus negocios con prácticamente nulo interés bancario, incluso la posibilidad de no ir a trabajar más que cuando él deseara...Peter no pudo evitar preguntar.
- Y yo que tengo que dar a cambio de todo esto?
- Nada señor -dijo el dueño de aquel despacho- a cambio usted solamente tiene que mantener su relación con nosotros, pero con esas nuevas condiciones. Espero, siendo sinceros, que sean lo suficientemente ventajosas para que no nos deje por alguien de la competencia. Si lo desea puede pensárselo, aunque estamos ansiosos de su respuesta. Aqui tengo todos los documentos preparados -dijo, mostrando un papel con el logo del banco y un sello con las siglas VIP-.
Peter, que consultaba cada decisión con Janice, le dijo que le contestaría al día siguiente, pero que necesitaba 24 horas para poder asimilar todo aquello.
- Es normal señor. Su nuevo estatus debe resultar complicado de aceptar, aunque he de decir que lo lleva usted con bastante normalidad. Vaya usted si quiere a casa y meditelo.
Peter le hizo caso en esto último, pues por la hora, probablemente Janice ya hubiera terminado la entrevista y estuviera camino a casa para preparar algo ligero para comer. Hacía tanto que no comían juntos entre semana que deseaba llegar más pronto que nunca.
Al llegar, Janice ya estaba en el piso, aunque no en la cocina sino leyendo el periódico. Según entró por la puerta Peter, ella, también una feroz hincha del Arsenal, le dijo que si se había enterado mientras señalaba un pequeño recuadro. El le dijo que tenía algo más importante que contarle, más importante incluso que el fútbol y sus gunners.
Le contó todo con pelos y señales, los croissants, el café, el coche de la empresa "sin publicidad por supuesto", los ascensos, el hecho de ir cuando quisiera....a cambio de practicamente nada. Ella le dijo que tenía que escuchar algo. Y activo el contestador del teléfono, y uno tras otro hasta cinco representantes de bancos le solicitaban una entrevista personal, donde y cuando a él le viniera mejor. Ambos se miraron fijamente, sin poder hablar. Conscientes de que algo les había pasado y lo sabía todo el mundo menos ellos. La lotería? eso era imposible, pues no creían en el azar. Una herencia? tampoco, los padres de ambos estaban vivos y no tenían ningún familiar "poderoso" que supieran.
Decidieron calmarse, Peter llamó al banco y dijo que volvía para las seis de la tarde. Tras ello, y por si le volvían a llamar, apagó el movil y desconecto el teléfono fijo. Comió, y al tomar un yoghourt de postre, dijo:
- Janice, sea lo que sea esto es una bendición.Voy a decirle al Señor Keychain que me quedo.
Ella, simplemente asintió. Al fin y al cabo era una decisión que solo iba a hacerles mejorar, podrían cambiar el coche y el ascenso supondría una inyección económica.
Al llegar se cruzó con Gabriel, un compañero de departamento, quien le dijo sin llegar a saludarle:
- Ve corriendo al despacho de Keychain, anda como loco buscándote.
Empezó a andar de manera veloz hacia el despacho, para terminar casi corriendo. Al llegar llamó a la puerta. Y oyo un "Pase" que sono atronador.
El Señor Keychain se encontraba con la cara desencajada, con la mesa llena de papeles, incluso por el suelo había alguno.
- Tengo que pedirle disculpas, Peter, de verdad. No puedo ofrecerle lo de esta mañana. Solo disculpas.
Peter le respondió que precisamente venía a aceptar lo que le había ofrecido, pero el señor Keychain le cortó.
- Todo es un error Peter. Una transferencia procedente de un banco español de 1600 millones de libras contenía un error en el número de cuenta, y coincidía con una cuenta a su nombre. Ahora comprendo su cara de sorpresa al reunirnos en mi despacho. Lo lamento profundamente.
Peter no se lo podía creer en aquel momento. Había tenido en su cuenta más de mil millones de libras, por un error o por cosas del destino, y ahora sentía que no tenía nada. Cuando había asimilado todo lo que le habían ofrecido, se lo habían quitado, eso y más. Hasta lo que no tenía. Quedó más de un minuto en silencio. Solo roto para decir:
- Señor, no se preocupe. Son cosas que pasan. -mientras pensaba que incluso podía haber hecho un traspaso, incluso desde su puesto de trabajo, a otra cuenta. O haber firmado el papel y tendría al menos todo lo que le había ofrecido el señor Keychain, aunque no el dinero. Ahora tendría que contarle lo ocurrido a Janice. Y preguntarle, pues se le había olvidado con todo lo ocurrido, por la entrevista.
Nueve años después, Peter observa como el Chelsea de su aún amigo Randy ha vencido en su partido de la Premier al Blackburn con dos goles de Anelka. El mismo que un día vestía la camiseta de sus gunners, y aparecía en el recuadro del periódico que ojeaba Janice aquel martes. Aquel por el que el Real Madrid había reventado el mercado de fichajes nueve años antes.












